Un accidente en un boliche de la Costanera porteña puso en agenda la cobertura de responsabilidad civil para locales bailables. Creado tras la tragedia del boliche Cromañón, ocurrida en 2004, este seguro es obligatorio en la Ciudad de Buenos Aires, aunque su implementación y sus requisitos han generado, desde su origen, numerosas controversias.

Por el Lic. Fernando Tornato, Docente de AAPAS
El siniestro ocurrió en el local bailable Archie, ubicado en la avenida Costanera Rafael Obligado, en la zona de Costanera Norte de la Ciudad de Buenos Aires, a principios de marzo de este año. Al menos nueve personas resultaron heridas y 700 personas fueron evacuadas por el derrumbe de una estructura metálica con luminarias y equipos de sonido se desprendió del escenario. En este análisis de caso, el licenciado Tornato vuelve a poner el foco sobre una cobertura poco conocida fuera del sector asegurador: el seguro obligatorio para boliches bailables.
El origen de esta exigencia se remonta a la tragedia de República Cromañón, ocurrida en diciembre de 2004 y que representó un parteaguas en materia de previsión de siniestros, debido a la magnitud del siniestro. Como una de las primeras respuestas regulatorias posteriores al hecho, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dictó el Decreto de Necesidad y Urgencia N.º 1/2005, que estableció una serie de requisitos para la habilitación y funcionamiento de estos establecimientos. Entre ellos, la obligación de contratar un seguro de responsabilidad civil.
La normativa contemplaba una excepción: los locales destinados a bailes de tango y milongas no quedaron alcanzados por la exigencia. Sin embargo, más allá de esa particularidad, Tornato explica que la implementación práctica del seguro presentó dificultades desde sus inicios.
Uno de los puntos más cuestionados fue la exigencia de que la póliza fuera emitida por una aseguradora con calificación de riesgo AA o AAA. En aquel momento, prácticamente no existían compañías patrimoniales con calificación AAA y solo un reducido grupo alcanzaba la categoría AA. “Fíjense, en ese momento el monto que se estableció en un primer momento, la resolución decía en el artículo 3 que tenía que estar efectuado el seguro por una empresa aseguradora calificada como triple A o doble A. ¿Cuál era el problema? No había compañías aseguradoras de riesgos patrimoniales en triple A.», señala Tornato. Incluso algunas calificadoras utilizaban escalas diferentes, donde la máxima nota posible era A+, lo que generaba dudas sobre la aplicabilidad real de la disposición.
Creado tras la tragedia del boliche Cromañón, la cobertura de RC para locales bailables ha generado, desde su origen, numerosas controversias.
En la práctica, el mercado terminó encontrando soluciones informales. Muchas pólizas eran emitidas por entidades que no cumplían estrictamente con las calificaciones exigidas y, aun así, eran aceptadas por la autoridad competente. Con el paso de los años, los sistemas de calificación se fueron homogeneizando y hoy las distintas evaluadoras contemplan categorías que llegan hasta AAA.
Otro aspecto problemático fue la determinación de la suma asegurada. La redacción original establecía que la cobertura debía contratarse por “la máxima suma disponible en plaza” al momento de la contratación o renovación. La expresión generaba una dificultad evidente: bastaba con que una compañía ofreciera un límite superior al resto para modificar de hecho el estándar exigido, dejando fuera de competencia a otros operadores.
Ante esta situación, poco tiempo después se optó por fijar un monto determinado: 300.000 pesos. Si se considera el contexto económico de ese momento, con un dólar cercano a los tres pesos, la cifra equivalía aproximadamente a 100.000 dólares. Actualizada a valores actuales, representaría alrededor de 140 millones de pesos. Sin embargo, aun así, el monto resulta modesto frente a los niveles de cobertura que hoy pueden encontrarse en otros riesgos patrimoniales, e incluso inferior a algunas sumas aseguradas habituales en seguros automotores.
A más de veinte años de su creación, la obligación continúa vigente en la Ciudad de Buenos Aires. No obstante, persisten interrogantes sobre los montos mínimos exigibles y sobre los criterios de actualización de las coberturas. «Hoy, como en muchas otras coberturas obligatorias del Gobierno de la Ciudad, no podemos saber cuál es ese mínimo que se exige. Hay coberturas en el ámbito de la Ciudad que exigen un seguro y ni siquiera tienen un valor mínimo», señaló Tornato.
El caso de los locales bailables presenta además una particularidad: se trata de una exigencia prácticamente exclusiva de la Ciudad de Buenos Aires. No se observan, en el resto del país, requisitos similares de alcance general para este tipo de establecimientos.
Cada nuevo incidente en un local bailable reabre el debate sobre la eficacia de las medidas adoptadas tras Cromañón y sobre la necesidad de revisar periódicamente las condiciones de cobertura para que cumplan adecuadamente su función de protección frente a riesgos que, lamentablemente, siguen estando presentes.























